viernes, 2 de marzo de 2018

San Simplicio (S. V - 483)
Papa

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Se desconoce su fecha de nacimiento. egún el “Liber Pontificalis” (ed. Duchesne, I, 249) Simplicio era hijo de un ciudadano de Tívoli llamado Castino. Después de la muerte del Papa Hilario en 468 fue elegido para sucederle.
La elevación del nuevo Papa no se alcanzó sin dificultades. Durante su pontificado el Imperio de Occidente llegó a su fin. Desde el asesinato de Valentiniano III (455) había habido una rápida sucesión de emperadores insignificantes en el Imperio Romano de Occidente, que se vieron amenazados constantemente por la guerra y la revolución.
Siguiendo a otras tribus germánicas, los hérulos entraron en Italia, y su gobernante Odoacro puso fin al Imperio de Occidente deponiendo al último emperador, Rómulo Augústulo, y asumiendo él mismo el título de rey de Italia. Aunque arriano, Odoacro trató a la Iglesia Católica con mucho respeto; también conservó la mayor parte de la antigua organización administrativa, de forma que el cambio no produjo grandes diferencias en Roma.
Durante la controversia monofisita, que aún proseguía en el Imperio de Oriente, Simplicio defendió vigorosamente la independencia de la Iglesia contra el cesaropapismo de los gobernantes bizantinos y la autoridad de la Sede Apostólica en cuestiones de fe.
La rebelión de Basilisco, que en 476 condujo al exilio al emperador Zenón y se apoderó del trono bizantino, intensificó la disputa monofisita. Basilisco buscó el apoyo de los monofisitas, y dio permiso a los patriarcas monofisitas depuestos, Timoteo Ailuros de Alejandría y Pedro Fullón de Antioquía, para que volvieran a sus sedes. Al mismo tiempo publicó un edicto religioso (Enkyklikon) dirigido a Ailuros, que ordenaba que sólo se aceptaran los tres primeros sínodos ecuménicos, y rechazaba el Sínodo de Calcedonia y la Carta del Papa León. Todos los obispos debían firmar el edicto. El obispo de Constantinopla, Acacio (desde 471), vacilaba y estuvo a punto de proclamar este edicto. Pero la firme posición tomada por el pueblo, influido por los monjes que eran rígidamente católicos en sus opiniones, movió al obispo a oponerse al emperador y a defender la fe amenazada. Los abades y sacerdotes de Constantinopla se unieron al Papa Simplicio, que hizo todos los esfuerzos para mantener el dogma católico y las definiciones del Concilio de Calcedonia. El Papa exhortó a la leal adhesión a la verdadera fe en cartas a Acacio, a los sacerdotes y abades tanto como al propio usurpador Basilisco.
Cuando el emperador Zenón en 477 expulsó al usurpador y logró de nuevo la supremacía, envió al Papa una confesión de fe completamente católica, después de lo cual Simplicio (9 de Octubre de 477) le felicitó por su restauración en el poder y le exhortó a atribuir la victoria a Dios, que deseaba de este modo restaurar la libertad de la Iglesia. Zenón retiró los edictos de Basilisco, desterró a Pedro Fullón de Antioquía y repuso a Timoteo Solofaciolo en Alejandría. No molestó a Ailuros por su avanzada edad, y de hecho éste murió pronto. Los monofisitas de Alejandría presentaron entonces a Pedro Mongo, el antiguo arcediano de Ailuros, como su sucesor. Urgido por el Papa y los católicos orientales, Zenón ordenó el destierro de Pedro Mongo, pero éste pudo esconderse en Alejandría, y el miedo a los monofisitas impidió el uso de la fuerza. En un momento de debilidad el propio Solofaciolo había permitido la colocación del nombre del patriarca monofisita Dióscoro en los dípticos que debían leerse en los oficios de la iglesia. El 13 de marzo de 478, Simplicio escribió a Acacio de Constantinopla que se debía instar a Solofaciolo para que borrara la ignominia que había atraído sobre sí mismo. Este último envió legados y cartas a Roma para dar satisfacción al Papa. A solicitud de Acacio, que todavía se mostraba activo contra los monofisitas, el Papa condenó de manera nominativa a los herejes Mongo, Fullón, Pablo de Éfeso y Juan de Apamea, y delegó en el Patriarca de Constantinopla para que fuera su representante en esto.
Tras la muerte de Solofaciolo, los monofisitas de Alejandría eligieron de nuevo patriarca a Pedro Mongo, mientras los católicos elegían a Juan Talaia. Tanto Acacio como el emperador, al que aquél influía, se oponían a Talaia, y tomaron partido por Mongo. Mongo fue a Constantinopla a promover su causa. Acacio y él acordaron una fórmula de unión entre los católicos y los monofisitas que fue aprobada por el emperador Zenón en 482 (Henotikon). Talaia había enviado embajadores al Papa Simplicio para notificar al Papa su elección. Sin embargo, al mismo tiempo, el Papa recibió una carta del emperador en la que se acusaba a Talaia de perjurio y soborno y se hacía una petición de reconocimiento de Mongo. Simplicio, por tanto, aplazó reconocer a Talaia, pero protestó enérgicamente contra la elevación de Mongo al Patriarcado de Alejandría. Acacio, sin embargo, mantuvo su alianza con Mongo y pretendió prevalecer sobre los obispos orientales para introducirlo en la comunión de la Iglesia. Durante mucho tiempo Acacio no envió información de ninguna clase al Papa, así que éste se lo reprochó severamente en una carta. Cuando finalmente Talaia vino a Roma en 483 Simplicio ya había muerto.
Simplicio también ejerció un celoso cuidado pastoral en Europa Occidental, no obstante las difíciles circunstancias de la Iglesia durante los desórdenes de las migraciones.
Simplicio fue enterrado en San Pedro del Vaticano. El “Liber Pontificalis” da el 2 de Marzo del año 483 como día del entierro (VI non.); probablemente deba leerse 10 de Marzo (VI id.).

jueves, 1 de marzo de 2018

San Albino (496 - 550)

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Albino nació en el 496 en Vannes (Francia), y a pesar de que provenía de una familia noble, decidió renunciar a su título y su herencia para ingresar al monasterio Tincillac, donde se seguía la Regla de San Agustín. y llevó ahí una vida de gran santidad. Hacia los treinta y cinco años de edad, fue elegido abad; bajo su gobierno floreció extraordinariamente el monasterio y se convirtió en un verdadero jardín de virtudes. Nada tiene, pues, de extraño que las miradas del clero y el pueblo de Angers se hayan vuelto hacia san Albino cuando la sede quedó vacante, el año 529. Para gran pena suya y contento de san Melanio, obispo de Rennes, san Albino fue elegido obispo de Angers y demostró ser un hábil e inteligente pastor.
El santo predicaba todos los días, era muy generoso con los pobres y menesterosos, pero especialmente con las viudas que tenían muchos hijos. Otra de sus obras predilectas era el rescate de esclavos y gastó enormes sumas de dinero en rescatar a los prisioneros que los bárbaros habían hecho en sus numerosas invasiones. Según la tradición, san Albino rescató a un cautivo, no de los bárbaros, sino del propio rey Childeberto. Se trataba de una hermosa muchacha en quien Childeberto había puesto los ojos y a la que había mandado raptar y encerrar en una fortaleza. Tan pronto como la noticia llegó a oídos de san Albino, fue éste personalmente al castillo a exigir la libertad de la joven. La figura del obispo inspiró tal respeto a los guardias, que pusieron inmediatamente en libertad a la muchacha.
El rey Childeberto profesaba gran veneración a san Albino; en cambio la popularidad del obispo era menor entre algunos de sus súbditos, porque había puesto en ejecución los decretos de los dos Concilios de Orléans (538 y 541) contra los matrimonios incestuosos.
Falleció en el 550 y fue sepultado en la iglesia dedicada originalmente a San Germán de Auxerre (Angers) levantada por el rey franco Childeberto I y San Germán de Paris. Esta sería conocida más adelante por su advocación a San Albino.

martes, 27 de febrero de 2018

San Gabriel de la Dolorosa (1838 - 1862)

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Nació en Asís (Italia) en 1838. Su nombre en el mundo era Francisco Possenti. Era el décimo entre 13 hermanos y su padre trabajaba como juez de la ciudad.
A los 4 años quedó huérfano de madre. El papá, que era un excelente católico, se preocupó por darle una educación esmerada, mediante la cual logró ir dominando su carácter fuerte que era muy propenso a estallar en arranques de ira y de mal genio.
Tuvo la suerte de educarse con dos comunidades de excelentes educadores: los Hermanos Cristianos y los Padres Jesuitas; y las enseñanzas recibidas en el colegio le ayudaron mucho para resistir los ataques de sus pasiones y de la mundanalidad.
El joven era sumamente esmerado en vestirse a la última moda. Y sus facciones elegantes y su fino trato, a la vez que su rebosante alegría y la gran agilidad para bailar, lo hacían el preferido de las muchachas en las fiestas. Su lectura favorita eran las novelas, pero le sucedía como en otro tiempo a San Ignacio, que al leer novelas, en el momento sentía emoción y agrado, pero después le quedaba en el alma una profunda tristeza y un mortal hastío y abatimiento. Sus amigos lo llamaban "el enamoradizo". Pero los amores mundanos eran como un puñal forrado con miel". Dulces por fuera y dolorosos en el alma.
Al terminar su bachillerato, y cuando ya iba a empezar sus estudios universitarios, Dios lo llamó a la conversión por medio de una grave enfermedad. Lleno de susto prometió que si se curaba de aquel mal, se iría de religioso. Pero apenas estuvo bien de salud, olvidó su promesa y siguió gozando del mundo.
Un año después enfermó mucho más gravemente, una laringitis que trata de ahogarlo y que casi lo llevó al sepulcro. Lleno de fe invocó la intercesión de un santo jesuita martirizado en las misiones y prometió irse de religioso. Al colocarse una reliquia de aquel mártir sobre su pecho, se quedó dormido y cuando despertó estaba curado milagrosamente. Pero apenas se repuso de su enfermedad empezaron otras vez el atractivo de las fiestas y de los enamoramientos, y olvidó su promesa. Es verdad que pidió ser admitido como jesuita, y fue aceptado, pero creía que para su vida de hombre tan mundano lo que estaba necesitando era una comunidad rigurosa, y dejó para más tarde el entrar a una congregación de religiosos.
En aquellos años estalló la peste de cólera en Italia, y Gabiel perdió a su hermana, y al poco tiempo, en un procesión a la Virgen, sintió la mira de esta llamándolo a cumplir su promesa y, tras algunas resistencias de su padre, este le concede el permiso de entrar a una comunidad bien rígida y rigurosa, los Padres Pasionistas.
Al entrar de religioso se cambia el nombre y en adelante se llamará Gabriel de la Dolorosa. Venía acostumbrado a vivir entre lujos, y al entrar se encontró con una vida radicalmente opuesta. Los primeros meses sufrió un verdadero martirio con este cambio tan brusco, pero nadie le oyó jamás una queja, ni lo vió triste o disgustado.
Los religiosos se quedaban admirados de su gran amabilidad, de la exactitud total con la que cumplía todo lo que se le mandaba, y del fervor impresionante con el que cumplía sus prácticas de piedad.
Su vida religiosa fue breve. Apenas unos seis años. Pero en él se cumple lo que dice el Libro de la Sabiduría: "Terminó sus días en breve tiempo, pero ganó tanto premio como si hubiera vivido muchos años". Luego de esto comenzó su preparación para el sacerdocio.
Cuando ya Gabriel está bastante cerca de llegar al sacerdocio le llegó la terrible enfermedad de la tuberculosis. Tuvo que recluirse en la enfermería, y allí aceptó con toda alegría y gran paciencia lo que Dios había permitido que le suceda.
Y el 27 de febrero de 1862, después de recibir los santos sacramentos y de haber pedido perdón a todos por cualquier mal ejemplo que les hubiera podido dar, cruzó sus manos sobre el pecho y quedó como si estuviera plácidamente dormido. Su alma había volado a la eternidad a recibir de Dios el premio de sus buenas obras y de sus sacrificios. Apenas iba a cumplir los 25 años.
Poco después empezaron a conseguirse milagros por su intercesión y en 1926 el Sumo Pontífice lo declaró santo, y lo nombró Patrono de los Jóvenes laicos que se dedican al apostolado.

lunes, 26 de febrero de 2018

San Porfirio (S. IV - 420)

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San Porfirio nació en Tesalónica (aquella ciudad a la cual San Pablo escribió sus dos cartas a los tesalonicenses).
A los 25 años dejó su ciudad y su familia y se fue de monje a Egipto a rezar y meditar y hacer penitencia.
Cinco años más tarde pasó a Palestina y se fue a vivir a una cueva cerca del río Jordán. Pero allí la humedad lo hizo enfermar de reumatismo y cinco años después se fue a vivir a Jerusalén. En esta ciudad cada día visitaba el Santo Sepulcro, el Huerto de los Olivos, la Casa de la Ultima Cena y los demás santos lugares donde estuvo Nuestro Señor. Su reumatismo lo hacía caminar muy despacio y con grandes dolores y apoyado en un bastón. Sin embargo ningún día dejaba de ir a los Santos Lugares y Comulgar.
En aquellos tiempos llegó a Jerusalén un cristiano llamado Marcos, el cual se quedó admirado de que este hombre tan enfermo y con tan grandes dolores reumáticos no dejaba ningún día visitar los Santos Lugares para dedicarse allí a rezar y a meditar. Un día al ver que el santo sufría tanto al subir las escalinatas del templo, Marcos se ofreció para ayudarle pero Porfirio se negó a aceptar su ayuda diciéndole: "No está bien que habiendo venido yo aquí a expiar mis pecados sufriendo y rezando, me deje ayudar de ti para disminuir mis dolores. Déjame sufrir un poco, que lo necesito para pagarle a Dios mis muchos pecados". Marcos lo admiró más desde ese día y en adelante fue su compañero, su amigo y el que escribió después la biografía de este santo.
Lo único que le preocupaba a Porfirio era que no había vendido la herencia que sus padres le habían dejado en su patria, la cual quería repartir entre los pobres. Confió esta misión a Marcos, que partió rumbo a Tesalónica y a los tres meses volvió con el dinero de la venta de todas aquellas tierras, dinero que Porfirio repartió totalmente entre las gentes más pobres de Jerusalén.
Cuando Marcos se fue a Tesalónica estaba Porfirio muy débil y agotado, pálido y sin fuerzas. Y al volver a Jerusalén lo encontró de buenos colores y lleno de vigor y fuerzas. Le preguntó cómo había sucedido semejante cambio tan admirable y Porfirio le dijo:
"Mira, un día vine al Santo Sepulcro a orar, y mientras rezaba sentí que Jesucristo se me aparecía en visión y me decía: ‘Te devuelvo la salud para que te encargues de cuidar mi cruz’. Y quedé instantáneamente curado de mi reumatismo. Lo que los médicos no pudieron hacer en muchos años, lo hizo Jesús en un solo instante, porque para El todo es posible".
Y en adelante se quedó ayudando en la Iglesia del Santo Sepulcro, custodiando la parte de la Santa Cruz que allí se conservaba.
Como Porfirio había repartido toda su herencia entre los pobres, tuvo él que dedicarse a trabajos manuales para poder ganarse la vida. Aprendió a fabricar sandalias y zapatos y a trabajar en cuero y así ganaba para él y para ayudar a otros necesitados. Marcos, que era un hábil escribiente y ganaba buen dinero copiando libros, le propuso que él costearía toda su alimentación para que no tuviera que dedicarse a trabajos manuales agotadores. San Porfirio le dijo: "No olvidemos que San Pablo dijo en su segunda Carta a los tesaloniceses: "El que no quiere trabajar, que tampoco coma"; siguió ganándose el pan con el sudor de la frente, hasta los 40 años.
El obispo de Jerusalén al ver tan piadoso y santo a Porfirio lo ordenó de sacerdote. Y poco después recibió una carta del obispo de Cesarea pidiéndole que le enviara un santo sacerdote para darle una misión. Como Porfirio era un verdadero penitente que ayunaba cada día y rezaba horas y horas y ayudaba a cuanto pobre podía, el obispo de Jerusalén lo envió a Cesarea.
Y aquella noche tuvo Porfirio un sueño. Oyó que Jesús le decía: "Hasta ahora te has encargado de custodiar mi Santa Cruz. De ahora en adelante te encargarás de cuidar a unos hermanos míos muy pobres". Con eso entendió el santo que ya no seguiría viviendo en Jerusalén.
Al llegar a Cesarea el obispo de allá lo convenció de que debía aceptar ser obispo de Gaza, que era una ciudad muy pobre. Después de que le rogaron mucho, al fin exclamó: "Si esa es la voluntad de Dios, que se haga lo que El quiere y no lo que quiera yo". Y aceptó.
Al llegar a Gaza los paganos promovieron grandes desórdenes porque sentían que con este hombre se iba a imponer la religión de Cristo sobre las falsas religiones de los ídolos y falsos dioses. Porfirio no se dio por ofendido sino que se dedicó a instruir a los ignorantes y a ayudar a los pobres y así se fue ganando las simpatías de la población.
Los paganos se propusieron que de todos modos sacarían a Porfirio y a sus cristianos de aquella región y empezaron a emplear medidas muy violentas contra ellos. Pero se equivocaron. Creyeron que la piedad y la bondad del obispo eran debilidad y cobardía, y no era así. El santo se fue a donde el jefe del imperio que vivía en Constantinopla y obtuvo que le dieran un fuerte batallón de soldados que puso orden y paz en la ciudad. Y ya los paganos no pudieron atacarlo más. El no agredía a nadie, pero buscaba quién lo defendiera cuando trataban injustamente de acabar con la santa religión de Cristo.
Y después de varios años la acción evangelizadora de Porfirio y de sus sacerdotes llegó a ser tan eficaz que se acabó por completo allí la religión pagana de los falsos dioses, y desaparecieron los templos de los ídolos. Las gentes quemaron todos sus libros de magia y ya no hubo más consultas a brujas o espiritistas ni creencias supersticiosas.
San Porfirio construyó en Gaza un bellísimo templo. El día en que empezó la construcción del nuevo edificio recorrió la ciudad con enorme gentío cantando salmos y bendiciendo a Dios. Cada fiel llevaba alguna piedra o algún ladrillo u otro material para contribuir a la edificación de la Casa de Dios. La construcción duró cinco años y toda la ciudad colaboró con mucha generosidad. El día de la Consagración de la nueva catedral (domingo de Pascua del año 408) el santo repartió abundantísimas limosnas a todos los pobres de la ciudad. Siempre fue sumamente generoso en ayudar a los necesitados
Los últimos años los dedicó pacíficamente a instruir y enfervorizar a sus sacerdotes y al pueblo con sus predicaciones, con su buen ejemplo y su oración.
El 26 de febrero del año 420 murió santamente.

lunes, 19 de febrero de 2018

San Auxibio (S. I)
Obispo

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Auxibio nació en Roma, de padres idólatras y tenía carácter dulce y honesto. Para asegurarle un puesto en el desempeño de los cargos públicos, su padre quiso que contrajera un matrimonio ventajoso, pero el santo tenía otros propósitos y pensaba en hacerse cristiano, huyendo de la ciudad y embarcándose en secreto hacia la isla de Chipre.
En dicho lugar, Auxibio encontró a Juan Marcos, pariente de San Bernabé quien lo bautizó, confirmó y lo instruyó sobre como predicar para luego ordenarlo sacerdote y obispo. Juan Marco le confió también la misión de predicar en la ciudad de Soles, donde fue acogido favorablemente por un sacerdote de Júpiter, a quien lo edificó con su vida santa, hasta llegar a convertirlo.
El Apóstol Pablo supo por Juan Marcos los progresos que hacía la fe en Chipre y le confió a Heracles el poder de instituir más obispo y de construir una nueva Iglesia. Auxibio empezó a predicar la fe en pleno día y luego de la construcción y consagración del nuevo edificio, comenzó su obra de apostolado a la vista de todos.
La gracia de Dios lo sostuvo y los milagros corroboraron su predicación de modo que llegó a formar en Soles una comunidad cristiana floreciente. Después de un episcopado de 50 años, Auxibio sintió que se aproximaba su fin y reunió a su clero y los exhortó a permanecer firme en la fe.

martes, 30 de enero de 2018

Santa Martina (S. III - 235)
Virgen y Mártir



Debido a la escasez de noticias respecto de su vida, se recurrió a copiar de "passio" de santos. Así surgió una historia totalmente legendaria que, en resumen dice que Martina era una diaconisa, hija de un noble romano. Al quedar huérfana dejó todos sus bienes a los pobres para dedicarse a la oración y la caridad. Debido a esto, que la señaló como cristiana, fue arrestada en tiempos de Alejandro Severo (222-235). Aquí la "passio" se entretiene en contarnos detalles, como que la llevaron al templo de Apolo donde Martina se negó a sacrificar al dios, mientras que para probar la veracidad de su fe, destruyó el templo y la estatua de Apolo (esto le ha valido el patronato contra los terremotos y los derrumbes, y por extensión sobre los mineros, siempre expuestos a los últimos).
Un día fue sometida a golpes, azotes, aceite hirviendo en las heridas. Al otro día fue llevada al templo de Diana, que se incendió mediante un rayo, lo cual le valió el patronato contra las tormentas y rayos. Atormentada de nuevo con peines de hierro en el potro, fue dejada por muerta, pero sobrevivió y fue arrojada a los leones, que no la atacaron, sino que lamieron sus heridas. Ante esto fue llevada a la hoguera, que se volvió contra sus ejecutores. Al final murió decapitada (quizás sea el único martirio al que realmente fue sometida) en el 235.
De todo esto hay que quedarse con lo único que se sabe: El cuerpo de una mártir llamada Martina fue hallado en su tumba y puesto en veneración, como tantos otros.
Como en otros casos, el culto de Santa Martina gana fuerza al revés, o sea, a partir del descubrimiento de su sepultura junto a las de Santos Concordio y Epifanio (30 de enero), en 1624, en las excavaciones de la vieja iglesia romana que le había sido dedicada a la santa, por el papa Honorio I. El papa Urbano VIII, que restauró las más conocidas basílicas romanas, muy preocupado por la renovación espiritual y material de la Iglesia trasladó su cuerpo, colocando la cabeza en un relicario aparte, y embelleció la iglesia. También propuso a los romanos y toda la Iglesia la devoción a Santa Martina, fijando la celebración el 30 de enero. Él mismo compuso el elogio con el himno: “Martinae celebri", una clara invitación a honrar a la santa por su testimonio. La memoria litúrgica pasó a toda la Iglesia hasta la reforma litúrgica de 1969.

lunes, 29 de enero de 2018

Beato Bronislaw Markiewicz (1842 -1912)

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Nació en 1842, fue el sexto de una familia de once hijos cuyo padre era alcalde del lugar. En la adolescencia experimentó una crisis de fe y se volcó al agnosticismo por un período de dos años, influenciado por un inspector escolar de nombre Eusebio Czerkawski, decididamente anticlerical y racionalista.
A los 21 años ingresó al seminario diocesano de Przemysl y el 15 de septiembre de 1867 fue ordenado sacerdote.
Una semana después de su ordenación dió su primera misa en su pueblo natal de Pruchnik y una semana después se hizo cargo de la parroquia del pueblo de Harta donde trabajó hasta febrero de 1870. Durante su ministerio en Harta, Markiewicz fundó tres nuevas parroquias en las zonas rurales y dio una especial preferencia al trabajo entre los pobres y especialmente entre los niños.
En 1870 fue designado vicario de la catedral de Przemysl y trabajó como capellán del presidio local. Markiewicz siguió trabajando con los jóvenes del lugar y cuando una epidemia de cólera azotó la región Markiewicz asistió a cuantos enfermos pudo y organizó "ollas populares" para alimentar a la población que comenzó a llamarle el "ángel consolador".
Ante la ola de agnosticismo que cundía en la región, Markiewicz decidió perfeccionarse en filosofía y en 1873 ingresó en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Juan Casimiro en Leópolis, donde su decano era el viejo inspector Eusebio Czerkawski, con quien permanentemente confrontó. Al año siguiente ingresó a la Universidad Jagellónica de Cracovia, pero no pudo finalizar los estudios en ninguna de las dos facultades cuando en 1875 fue trasladado a la pequeña aldea de Ga? para hacerse cargo de la vicaría. Allí luchó contra el alcoholismo, un mal endémico entre los pobladores, y fundó la Sociedad de Abstinencia.
Entre 1877 y 1882 fue designado párroco en Brazowa, y en 1882 fue designado al frente de un seminario en Przemysl y como capellán de las carmelitas descalzas que se habían instalado allí luego de haber sido expulsadas de Posnania por la Kulturkampf.
En 1885 Markiewicz viaja a Italia en donde conoce a Juan Bosco en 1887 y en 1888 se une a la congregación de los salesianos.
En 1892 regresa a Polonia para hacerse cargo de una parroquia en Miejsce Piastowe. Ni bien llegó a su país comenzó a poner en práctica las enseñanzas de Don Bosco organizando casas para niños y jóvenes abandonados.
Con los años la Congregación de los Salesianos comenzó a admitir no sólo a los niños pobres y abandonados en sus institutos sino también a los hijos de padres que pertenecían a clases pudientes, quienes pagaban un estipendio.
El padre Markiewicz no estuvo de acuerdo con estos cambios impulsados por Don Rua —sucesor de Don Bosco— e insiste en que la congregación debe poner todas sus fuerzas en la atención de los desamparados. Don Rua envía en 1897 un delegado suyo para supervisar que las nuevas normas fuesen cumplidas por el padre Markiewicz pero éste se niega y decide abandonar el Instituto Salesiano. En ese año decide fundar una asociación civil a la que le da el nombre de Templanza y Trabajo, dedicada al rescate de los niños abandonados. La asociación —que será la base de la Congregación de San Miguel Arcángel—recibió la aprobación papal en 1898.
El padre Markiewicz encontró una fuerte oposíón a su obra por parte de obispo de Przemysl, san Józef Sebastian Pelczar quien le niega fondos para su obra a no ser que reingrese a la congregación salesiana. Pelczar también pone trabas para que los muchachos que están a su cargo ingresen a los seminarios y le niega la creación de la rama femenina de la obra. Muchos de los discípulos de Markiewicz se exilian voluntariamente a América en donde entran en distintos seminarios y asisten a la comunidad polaca emigrada; otros desisten de ordenarse como sacerdotes y se quedan con el padre Markiewicz.
Tratando en obtener la aprobación del instituto por parte del obispo Pelczac, Markiewicz pone a éste bajo la advocación del Arcángel Miguel.
En 1911 el padre Markiewicz declaraba que más de 2000 jóvenes habían pasado por sus establecimientos y que habían salido teniendo un oficio. El 11 de diciembre de ese año Markiewicz sufre una hemorragia cerebral de la cual pudo ser salvado. Sin embargo Markiewicz también sufría de grandes dolores causados por la próstata y no pudo ser operado porque su corazón estaba muy débil como para resistir la anestesia. Markiewicz murió el 29 de enero de 1912 y una multitud fue a su entierro a pesar del frío y de la nevada que cayó ese día.